Semana 1 – Día 4

EL EVANGELIO DE MATEO SEMANA 1 - JUEVES

Mt 1:1 Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.
Los primeros 17 versículos del capítulo 1 del Evangelio de Mateo narran la genealogía de Jesús. Los cuatro Evangelios son cuatro biografías que nos muestran al Señor Jesús reflejando diferentes lados. El Evangelio de Mateo y el Evangelio de Lucas tienen una genealogía. El Evangelio de Marcos y el Evangelio de Juan no la tienen, vamos a ver cuál es el motivo de la genealogía de Jesús. El Evangelio de Mateo nos muestra a Jesús como Rey. El Evangelio de Marcos nos muestra a Jesús como el siervo de Dios, aquel esclavo que vino para servir. El Evangelio de Lucas nos muestra a Jesús como hombre, y el Evangelio de Juan nos muestra a Jesús como Dios. El Evangelio de Mateo nos muestra que Jesús era descendiente directo del Rey David. Y era descendiente del linaje escogido, el linaje de la fe, el linaje de Abraham. Como Rey Él tiene un linaje. El Rey tiene genealogía. En cambio en el Evangelio de Marcos que nos presenta a Jesús como un esclavo, el siervo no tiene necesidad de linaje. No importa de dónde proviene, no necesita genealogía. En el Evangelio de Juan que nos muestra a Jesús como Dios, no sería propio pensar que Dios tiene un linaje. En el principio ya era el Verbo. El Verbo era Dios, sin principio de días ni fin de días. Dios no tiene linaje. Dios es Dios, es de Él que proviene todo.
El Evangelio de Lucas nos presenta otro linaje. El linaje de un hombre. Pero a diferencia del linaje de Mateo que se inicia desde Abraham, que es el linaje llamado, el linaje escogido. Lucas nos muestra el linaje de un hombre, el cual empieza con Adán, quién tipifica la raza creada aquella que cayó en pecado y fue contaminada, de quién desciende toda la humanidad caída. En cambio, el linaje escogido, el linaje llamado, es el linaje de la fe. Abraham fue llamado, Dios lo sacó de Babilonia, un lugar lleno de rebelión e idolatría, para llevarlo a Canaan. El linaje de Abraham no es un linaje natural, sino un linaje según la fe. Un linaje transformado. El Reino de Dios proviene de este linaje. Por consiguiente, Mateo comienza con Abraham.
El versículo 2 de Mateo dice: ¨Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, y Jacob a Judá y a sus hermanos¨. Cuando Abraham engendró a Isaac, tenía 100 años y Sara tenía 90 años, ya no podian tener hijos. Isaac es el hijo que Dios había prometido a Abraham del cual saldría una descendencia tan grande como la arena del mar y las estrellas de los cielos. Isaac fue el hijo de la Fe. Años antes, tanto Sara como Abraham quisieron ¨ayudar¨ a Dios a cumplir su promesa, fue Sara quien le dijo a Abraham que se llegara a su esclava Agar, para que sea ella quien engendre un hijo de Abraham y sea cumplida la promesa de Dios. Por supuesto No fue el hijo de la promesa. Nació Ismael. Aquí hay un principio fundamental, Ismael tipifica el esfuerzo de la carne por agradar a Dios, muchas veces tenemos en nuestro deseo natural algunas sugerencias que nos impiden seguir al Espíritu, tal propuesta ciertamente nos alejará de la promesa de Dios. Aprendemos de esta situación, que todo lo que hacemos por nuestra propia cuenta resulta en Ismael. Todo lo que hagamos por nuestra propia cuenta, en la vida de iglesia, incluso en la predicación del evangelio, sólo producirá un Ismael. Y eso en vez de agradar a Dios, como en el caso de Abraham, nos aleja de Dios. Dios se alejó de Abraham por 13 años. El Señor tuvo que esperar que Abraham y Sara estuvieran terminados, esperó hasta que su energía natural estuviese completamente agotada. Cuando ellos entendieron que les era imposible engendrar un hijo, entonces Dios cumplió su promesa en dos personas seniles y les nació Isaac, del cual descendió Jacob, y de Jacob todo el pueblo de Israel. Podemos extraer un principio fundamental. Nosotros somos descendientes de Abraham, por la fe somos su descendencia celestial. Nuestro vivir es por fe. Participar del Señor require que nunca contemos con nuestros esfuerzos, ni con lo que podemos hacer de manera natural. Así como Ismael impide que Isaac herede las promesas de Dios, así también nuestros esfuerzos u obras impedirán que participemos de Cristo. Necesitamos renunciar a todo lo relacionado con nuestra vida natural. Cuando nuestras fuerzas naturales se hayan agotado, la promesa de Dios vendrá. Cuando Ismael fue echado, Isaac tuvo el pleno derecho de participar de la bendición de la promesa de Dios. Isaac es el producto de vivir y andar por la fe, esto es Cristo. Isaac tipifica plenamente a Cristo en el sentido de experimentar a Cristo de esa manera. No por el hacer, ni por nuestros esfuerzos, ni por el afán, mas bien, sólo confiando en Él. Poniendo nuestros ojos en Cristo. Toda la obra es por fe. Aunque somos del linaje de Abraham hoy, he aqui una pregunta: ¿Seguimos el camino de Ismael? ¿O vivimos según el camino de la Fe y experimentamos a Cristo, como el hijo de la promesa? 

Alimento espiritual diario para crecer en Cristo

Enseñanzas y lecturas organizadas semanalmente para profundizar en la Palabra, fortalecer tu fe y vivir una comunión diaria con Dios.

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